
JESÚS de León Padilla lleva 27 años en la avenida Domenech de la urbanización Eleanor Roosevelt haciendo alteraciones de todo tipo a la ropa, incluyendo trajes de novia. Ruedos, mangas de camisas, chaquetas, entalles… son parte de su atareada rutina cotidiana de 9:00 de la mañana 5:00 de la tarde frente a su máquina de coser Singer.
Cabe destacar que antes de establecerse en su entonces nuevo local Dry Cleaner and Tailor (Sastrería), Jesús mantuvo un pequeño taller de costura por espacio de siete años en esta misma hilera de establecimientos que han ido transformándose con el paso de los años.
La clientela de aquella época repite a través del tiempo por más de veintipico de años “y sigue llegando gente nueva”. Algo lindo de vivir en una comunidad que comenzó a habitarse en 1937.
A pesar de los cambios en la economía global y la proliferación de tiendas en centros comerciales de diversos tamaños, a Jesús le satisface el volumen de costura que acumula a lo largo de la semana, incluyendo el lavado en seco en prendas de vestir.
El sastre de 72 años, una de las tantas figuras tradicionales en el ámbito del trabajo, en este caso de costura en esta comunidad, relata a Helda Hoy que comenzó a explorar este oficio a los 12 años de edad en la sastrería Teboredo Taylor.
“Mi mamá me mandaba de Barrio Obrero a la parada 26. La verdad es que nunca me gustó coser. En ese entonces pensé que me iba a dedicar a otra cosa. Pero entonces ganando experiencia ya que sabía hacer de todo, empecé a entusiasmarme y me dediqué al oficio de la costura”, relata,
A tal grado Jesús se ha ganado la confianza de sus clientes que, especialmente, algunas damas lo llaman por teléfono desde las áreas del probador de alguna tienda para recibir la aprobación de su sastre.
“Me contactan de <los moles> y me envían la foto de la pieza que se están midiendo para ver cómo le queda. Yo le digo que no me gusta el entalle. <Pero, ¿lo compro?>, preguntan. <No lo compres>, le digo”, cuenta Jesús.
Precisamente, el flujo de clientes es continuo.
“Aquí vienen clientes semanalmente”, dice.
“¿Semanalmente?”, cuestionamos.
“Me traen algo de los nietos o de la esposa o de los hijos…”.
Jesús les cosió a sus tres hijos a la medida cuando eran pequeños -uno de ellos que ejerce como Marshall en el Tribunal Superior lo ayuda en el negocio cuando sale de su trabajo – pero, más tarde cuando comenzó a hacer ajustes a las prendas de vestir, el compromiso con los clientes le ocupó más horas del día y demandó mayor energía.
Mientras tanto, Monse, Rafael y Melania, los especialistas en la faena, permanecen enfocados frente a sus respectivas máquinas de coser, rodeados de los coloridos hilos que, según de León Padilla, superan las dos mil bobinas.
Por Helda Ribera Chevremont
(Nacida, criada y residente)