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Alexis Morales -Cales Compositor y Periodista Comunal

 

Desde los inicios de Catalino Curet Alonso (Tite) en el mundo de la música, ha corrido un rumor entre la Calle Cerra y la Milla de Oro. Entre la zona de las grandes disqueras, la zona de las estaciones de radio y agencias publicitarias, se comentaba que el catálogo de Tite era en realidad una recopilación de canciones de otros autores. Tras su muerte, el comentario en voz baja pasó a circular entre youtube y las redes sociales. Incluso, uno de los alegados autores ha hecho expresiones públicas atribuyéndose determinados éxitos de salsa. ¿Cuál es la verdad?

Conocí personalmente a Tite. Y conozco la verdad. Para entender este asunto, tenemos que conocer primero el aspecto legal de los autores y sus obras. El arte en todas sus expresiones está regido por unos principios legales que se resumen en unos términos. El “derecho moral” es la propiedad intelectual. Este derecho le confiere al autor la facultad de exigir que su nombre y el título de la obra sean mencionados cada vez que ésta se utilice, publique o divulgue. También le permite prohibir cualquier cambio sustancial a su obra sin autorización expresa. Complementarios al derecho moral, están los “derechos patrimoniales”. Que se resume en el derecho a beneficiarse económicamente de su obra. Estos derechos, morales y patrimoniales, pueden ser cedidos, traspasados o vendidos mediante documento legal firmado por el autor estando este mentalmente capacitado para ello. Habiendo entendido esto, veamos el caso de las canciones de Tite Curet Alonso.

Algunas de sus canciones son indudablemente suyas. Tan claramente suyas que las escribió delante de otros, como algunas que fueron escritas en el mismo estudio donde se iban a grabar. Esas tienen un lenguaje y un estilo de expresión que aún sin uno haberlo visto escribir, dice: “Eso es de Tite”.

Para dar una idea, en 1983 Tite Curet tenía la encomienda de escribir unos versos para cada programa de “Tony Croatto y Tu Pueblo” (Canal). Le llevaban el tema y los datos en su hora de almuerzo, y delante del mensajero escribía y entregaba los versos. El mismo Tony le encargaba canciones para sus discos y presentaciones, y se las escribía siguiendo las especificaciones. ¿Dónde está entonces la duda sobre la autenticidad de la obra de Tite?

helda tite y senora grande wa blogVolvemos al concepto de derechos morales y legales. Un autor puede ceder o traspasar mediante venta o donativo sus derechos. Una vez cedidos y traspasados esos derechos, el derecho legal pasa a la otra parte. Es un proceso parecido al de la adopción. Una vez los padres voluntariamente dan su hijo en adopción, pasa a ser hijo del que lo adopta y los padres biológicos pierden toda potestad sobre su hijo. Desde los inicios de la industria del disco, las casas editoras y empresa disqueras y han realizado ese proceso para completar su catálogo. También algunos compositores han vendido sus obras en medio de crisis económica, como fue el caso de Sylvia Rexach con al menos dos canciones suyas.

Algunas de las canciones bajo la firma de Tite Curet se le atribuyen a Jelmén Fuentes, “El Poeta de Loíza”. Al respecto, el mismo Jelmén ha dicho que durante dos décadas estuvo vendiendo sus versos. Jelmén no escribe melodía, solamente letras. Jelmén dice que le vendió versos a un intermediario de las casas disqueras, en un trato limpio y sin tretas. Posteriormente, esos versos eran escuchados en canciones de Fania y Velvet, especialmente.

Si damos por ciertas las declaraciones de Jelmén Fuentes, alguien le puso música a sus versos. Ahí entra otro concepto legal de las artes: la obra derivada. La adaptación, transformación y modificación de un trabajo original. El que recibe los derechos del autor original tiene la potestad de hacerle esos cambios a su forma y manera. Un proceso legítimo que nadie puede cuestionar. Ese mismo proceso de hacer obras derivadas se realizó con canciones de Tite, aunque sin que éste perdiera sus derechos.

Algunas canciones que Tite le entregó a Tony Croatto eran excelentes, pero no totalmente a tono con la personalidad de Tony. Los versos de Tite reflejaban su buen humor y picardía, mientras que Tony era extremadamente serio. Para poder cantar los versos de Curet Alonso, Tony debía hacerle algunas adaptaciones, que a veces me encargó a mí que se las hiciera. Nunca sin embargo reclamé autoría, pues ese tipo de adaptación es similar a la que el sastre de una tienda le hace a una ropa. El sastre no hizo la pieza de ropa, solamente la ajustó a la medida de un cliente. Así pues, tuve el honor de ser el sastre musical que puso unos versos de Tite a la medida de Tony Croatto. De lo cual Tite estaba consciente y aprobaba, pues nunca se le trató de quitar su autoría.

Vamos a ser justos. Los versos de Jelmén Fuentes nunca hubieran sido éxitos musicales tal y como él los creó. No tenían música. Y ponerle música a esos versos requería mucha destreza. Viendo todo ese panorama resumido aquí, no hay evidencia de que Tite Curet Alonso plagiara ni tomara fraudulentamente canciones de otros autores. Lo que sí es posible es que hiciera el trabajo de adaptar versos a unas melodías en el proceso de obra derivada que convertía esas obras en suyas, moral y legalmente.